¿Qué es la hiperhidrosis?

La hiperhidrosis se caracteriza por un incremento excesivo de la sudoración en ciertas áreas del cuerpo, debido a una sobreestimulación de las glándulas sudoríparas. Este fenómeno puede ser desencadenado por factores como el estrés emocional, el uso de ciertos medicamentos o cambios térmicos.

En condiciones normales, el hipotálamo regula la temperatura corporal. Sin embargo, en casos de hiperhidrosis, las glándulas sudoríparas de zonas como las palmas de las manos, las plantas de los pies, las axilas y la región craneofacial reaccionan de forma exagerada a estímulos emocionales o térmicos, generando una sudoración excesiva para equilibrar la temperatura corporal.

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En algunas personas, esta sudoración excesiva se presenta incluso en reposo o ambientes frescos, lo que indica un mal funcionamiento en los estímulos nerviosos hacia las glándulas sudoríparas ecrinas, responsables del mecanismo de enfriamiento del cuerpo.

¿Cuáles son los síntomas de la hiperhidrosis?

La hiperhidrosis puede afectar significativamente la vida laboral y social de quienes la padecen. El sudor excesivo puede empapar la ropa, dañar herramientas de trabajo e incluso gotear al suelo, causando incomodidad y vergüenza.

Entre los síntomas más comunes está la sudoración persistente en áreas localizadas como las manos, pies, axilas o rostro, y, en casos severos, esta sudoración puede ocurrir de manera simétrica en ambos lados del cuerpo, lo que la distingue de otras afecciones médicas.

Además de estas molestias, los afectados pueden experimentar complicaciones adicionales, como irritaciones cutáneas o infecciones en las áreas afectadas. Estos síntomas suelen ser persistentes y requieren atención médica especializada.

¿Cuándo se debe consultar a un médico?

Es importante buscar atención médica si la sudoración intensa afecta significativamente la calidad de vida, genera ansiedad social o aparece acompañada de otros síntomas graves como dolor en el pecho, mareos o un pulso acelerado. Estas señales pueden indicar una afección médica subyacente que requiere evaluación inmediata.

¿Cuáles son las causas de la hiperhidrosis?

Las principales causas de la hiperhidrosis están relacionadas con estímulos térmicos y emocionales que activan el sistema nervioso simpático, provocando una respuesta exagerada de las glándulas sudoríparas.

Factores como el miedo a hablar en público, la ansiedad social o el estrés pueden desencadenar esta condición. Asimismo, ciertos tratamientos farmacológicos también pueden contribuir al desarrollo de la hiperhidrosis.

La hiperhidrosis primaria se produce cuando las señales nerviosas que activan las glándulas sudoríparas ecrinas son defectuosas. Aunque no siempre tiene una causa identificable, se sabe que puede ser hereditaria. Por otro lado, la hiperhidrosis secundaria está asociada a afecciones médicas subyacentes como diabetes, trastornos hormonales o efectos secundarios de ciertos medicamentos.

Tipos de hiperhidrosis

Según su localización: La hiperhidrosis puede clasificarse en focal (afecta áreas específicas como manos, pies o axilas) o generalizada (afecta todo el cuerpo).

Según sus causas: Puede ser primaria (sin causa aparente) o secundaria (derivada de otras condiciones médicas o tratamientos).

Complicaciones asociadas a la hiperhidrosis

Además de las molestias físicas y emocionales, la hiperhidrosis puede generar complicaciones como irritaciones en la piel, infecciones micóticas y bacterianas debido a la humedad constante. Estas complicaciones requieren un manejo adicional para evitar afectaciones más severas.

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La sudoración excesiva prolongada también puede derivar en dificultades psicológicas, como ansiedad o depresión, especialmente si la afección interfiere significativamente en las relaciones sociales o laborales del paciente.

¿Cómo se trata la hiperhidrosis?

El tratamiento de la hiperhidrosis requiere un enfoque multidisciplinar que incluye diversas opciones terapéuticas, dependiendo de la gravedad y localización del problema. Es fundamental abordar esta condición para mejorar la calidad de vida del paciente.

Entre los tratamientos más comunes se encuentran los tópicos, los sistémicos, la toxina botulínica y la cirugía. Cada uno de ellos está diseñado para reducir la sudoración y minimizar las molestias asociadas.

  • Tratamiento farmacológico: Incluye el uso de anticolinérgicos tópicos como el bromuro de glicopirronio y preparados astringentes como el cloruro de aluminio. Estos productos actúan bloqueando los conductos de las glándulas sudoríparas.
  • Toxina botulínica: Indicada para casos de sudoración intensa en manos o axilas. Este tratamiento bloquea la acción de la acetilcolina, reduciendo la producción de sudor.
  • Dispositivos médicos: Terapias como la iontoforesis, donde se administra corriente eléctrica de baja intensidad en las áreas afectadas, pueden ser efectivas para controlar la sudoración en manos y pies.
  • Cirugía: La simpatectomía torácica videotoracoscópica es una opción eficaz y definitiva en más del 80% de los casos severos. Este procedimiento mínimamente invasivo consiste en seccionar o comprimir la cadena simpática responsable de la sudoración excesiva.

La elección del tratamiento dependerá de la evaluación médica y de las características específicas de cada paciente. En casos graves, la cirugía puede ser la solución más adecuada, ofreciendo resultados satisfactorios desde los primeros días tras la intervención.

¿Qué esperar después del tratamiento?

Con el tratamiento adecuado, la hiperhidrosis puede manejarse de manera efectiva. La mayoría de los pacientes experimentan una mejora significativa en su calidad de vida, aunque es importante realizar un seguimiento regular para monitorear posibles complicaciones o ajustes en la terapia.

El éxito del tratamiento puede variar según la causa subyacente, el tipo de hiperhidrosis y la respuesta del paciente al enfoque seleccionado.

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