Formación académica y experiencia profesional
Graduada en Psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca (2019), cuenta con una sólida trayectoria tanto en el ámbito académico como profesional. Ha completado un Máster en Psicología Clínica y de la Salud, otro en Psicología Cognitivo-Conductual, además de un Máster en Psicología Forense y un Máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia.

Asimismo, posee diversos posgrados especializados en psicología infantojuvenil y de adultos, y es Diplomada en Neuropsicología del Desarrollo y del Aprendizaje por la Universidad Isep. Entre sus logros académicos destacan publicaciones científicas como “El Papel del Psicólogo en el Centro Nacional de Personas Desaparecidas” y “Plataforma de Difusión y Asistencia Psicológica al Entorno de Víctimas de Desapariciones Forzosas”, desarrolladas en colaboración con la Universidad Pontificia de Salamanca. También es coautora de la serie “El Pluralismo En La Escuela Actual”.
Trayectoria profesional y proyectos actuales
Actualmente, trabaja en Valencia ofreciendo consultas tanto presenciales como online. Además, colabora como Supervisora Profesional de Contenido en la revista La Mente es Maravillosa, donde aporta su experiencia y conocimientos en psicología.
En paralelo, está finalizando la redacción de su primer libro, un proyecto que refleja su compromiso con la divulgación y el crecimiento personal. Además, está investigando sobre el uso de las tecnologías de la información, incluyendo herramientas como la realidad aumentada, para mejorar el alcance y la eficacia de la terapia psicológica.
¿Cómo dejar de sufrir por los hijos adultos?
Como padres, es habitual asumir un rol protector y orientador. Sin embargo, cuando los hijos alcanzan la adultez, es crucial aceptar que sus decisiones pueden no coincidir con nuestras expectativas, y eso está bien. Nuestra función evoluciona: dejamos de guiar para empezar a acompañar.
El vínculo con los hijos adultos cambia, y adaptarse a esta nueva dinámica puede ser un desafío. Tal vez su estilo de vida no encaje con lo que esperabas o la relación actual no sea como imaginabas. A continuación, exploraremos estrategias para gestionar estas emociones y fortalecer la relación.
1. Acepta su autonomía
Es natural querer proteger y guiar a los hijos, pero es esencial reconocer que ahora son personas independientes, con sus propias opiniones y valores. Al aceptar esta realidad, te liberarás del sufrimiento causado por diferencias o incomprensiones.
Este cambio no solo implica aceptarlos, sino también confiar en las habilidades y aprendizajes que adquirieron durante su crecimiento. Esto fomenta no solo su autoestima, sino también el respeto mutuo.
2. Deja de asumir responsabilidades que no te corresponden
Muchos padres continúan asumiendo tareas que ya no les competen, como resolver problemas financieros o realizar trámites por sus hijos. Aunque estas acciones nacen del amor, es importante soltar el control y permitirles asumir sus propias responsabilidades.
Entender que cada error es una oportunidad de aprendizaje para ellos le permitirá a cada parte fortalecer su independencia y su resiliencia frente a los problemas cotidianos.
3. Establece límites de forma asertiva
La comunicación asertiva es fundamental para establecer límites claros y respetuosos. Reflexiona sobre qué comportamientos te afectan y exprésalos de manera calmada y empática. Usa frases como «me siento mal cuando…» para comunicar tus emociones sin generar conflictos.
Un buen manejo de los límites no solo ayuda a mantener las relaciones sanas y respetuosas, sino que también promueve en ambas partes una mejor regulación emocional.
4. Permite que tomen decisiones y aprendan de sus errores
Es inevitable que los hijos cometan errores, y aunque como padres deseemos evitarles sufrimientos, es crucial permitirles experimentar las consecuencias de sus decisiones. Este proceso es esencial para su desarrollo y aprendizaje.
Reconocer que ellos deben construir su «filosofía de vida» propia es un acto de respeto hacia su proceso de individuación. Además, confiar en sus capacidades refuerza el vínculo desde la comprensión mutua.
5. Fomenta un diálogo abierto
Crear un ambiente de confianza donde tus hijos se sientan cómodos compartiendo sus pensamientos es fundamental. Sin embargo, respeta su privacidad y entiende que no siempre te contarán todo.
Un diálogo sano también incluye mostrar interés sincero por su punto de vista, evitando juicios, lo que fortalecerá una relación equilibrada y cercana.
6. Dedica tiempo a tu bienestar
Cuidar de ti mismo es esencial para dejar de sufrir por los hijos adultos. A menudo, los padres descuidan sus propias necesidades mientras se enfocan en los demás. Prioriza tu bienestar emocional y físico, y busca actividades que te llenen de satisfacción.
Retomar hobbies, aprender nuevas habilidades o incluso buscar orientación profesional puede ser clave para enfocarte en una vida más plena y autónoma.
7. Busca apoyo en otros padres
Hablar con otros padres que enfrentan situaciones similares puede ser muy enriquecedor. Compartir experiencias y consejos ayuda a sentirse acompañado y a obtener nuevas perspectivas sobre los desafíos que enfrentas.
La sensación de comunidad es un recurso útil para afrontar dificultades emocionales y buscar soluciones efectivas.
8. Realiza actividades en común
Compartir tiempo de calidad con tus hijos adultos es una excelente manera de fortalecer el vínculo. Busca actividades que disfruten juntos, como cocinar, practicar deporte o ver una serie.

Estas actividades no solo refuerzan la conexión, sino que propician un espacio natural para dialogar y compartir experiencias.
9. Practica la empatía
Ponerte en el lugar de tus hijos te ayudará a comprender mejor sus decisiones y desafíos. La empatía es una herramienta poderosa para aliviar tensiones y construir un apoyo más efectivo.
Mostrar comprensión y respeto frente a sus elecciones de vida es una forma de validar su crecimiento individual y reforzar el vínculo.
No me gusta la relación con mi hijo, ¿qué puedo hacer?
Si sientes que la relación con tu hijo adulto no es la que deseas, es importante reflexionar sobre cómo llegaron a este punto. Las relaciones familiares pueden estar marcadas por malentendidos o heridas no resueltas.
Hablar desde la empatía y escuchar sin juzgar puede abrir el camino hacia una mejor comunicación. Si la situación es compleja, considera buscar ayuda profesional, como terapia familiar, para abordar los conflictos y mejorar el vínculo.
Tiempo, aceptación y comunicación
Dejar de sufrir por los hijos adultos es un proceso que requiere paciencia y comprensión. Aprender a soltar el control y celebrar su autonomía es clave para liberar tensiones y fortalecer la relación.
Si necesitas apoyo adicional, no dudes en acudir a un especialista. Cada paso que des hacia una relación más saludable cuenta, y no estás solo en este camino.
Fortaleciendo el vínculo desde la confianza
Lidiar con el cambio de rol parental no es sencillo, pero es un paso natural y necesario. Para dejar de sufrir por los hijos adultos, recuerda que la crianza es un proceso con más de confiar que de controlar. En todo momento, el objetivo debe ser construir una relación desde el respeto, la confianza y la aceptación mutua.
El amor hacia los hijos no desaparece, pero sí se transforma en el motor que les permite crecer bajo las condiciones que construyeron para su vida. Tu rol será el de brindar un apoyo incondicional cuando lo necesiten, siempre manteniendo claro el respeto por los límites y la autonomía.