Fuga del seminario.

Como siempre sirvieron aquella sopa grasosa, en la cena del seminario, además con un ingrediente adicional una mosca flotaba en el medio de esa grasa.Eso había llegado al máximo para que mi estómago lo soportara, y me hacía añorar mucho mas todo lo bueno que me preparaba mi abuela, con mis once años me armé de valor y mi acerqué al cura prefecto que se encontraba en el comedor para manifestarle mi desagrado, la reacción del supuesto hombre de paz, fue violenta y castigadora; y en pocos minutos me encontré en el medio del patio, parado y soportando el inclemente frío europeo de diciembre,inmediatamente mi MENTE INQUIETA comenzó a maquinar como abandonar aquél lugar que ya se me estaba haciendo insoportable por múltiples razones, al llegar a la cama y apoyar mi cabeza en la almohada, tomé la decisión de fugarme en plena noche de aquel lugar, sin embargo eran muchas las dudas que daban vueltas por mi cabeza: como presentarme donde mi abuela, que decir a mis padres que vivían muy lejos y que habían confiado que allí podía recibir una buena educación, y lo que mas me inquietaba, como con mis apenas once años podía ir solo por aquel bosque que separaba el seminario y la carretera que conducía a casa de mi abuela.Me asomé al pasillo, y aquella oscuridad y el frío que congelaba los huesos mi hizo retroceder, me senté unos minutos en la cama, y luego sin pensarlo dos veces salí al pasillo y comencé a correr hasta la puerta principal, quité el pasador de la puerta peatonal y me adentré en el bosque sin miedo, solo quería alejarme de aquel sitio, perdí la noción del tiempo, solo recuerdo que cuando toqué a la puerta de mi abuela estaba amaneciendo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *